viernes, 27 de enero de 2012

Capítulo 4.

Niall; -Great Yarmouth

Tras haber tenido una charla de presentación con el secretario y el orientador principal de la residencia, los chicos y yo salimos con un buen montón de folios y formularios para ponerlos en los tablones del vestíbulo.
Nuestro tutor en Brighton nos había dicho que a cambio de la beca, debíamos dar o participar en cursillos de verano, actividades y demás para los alumnos que viniesen de intercambio. Lo pasaríamos bien conociendo a gente nueva, tendríamos mucho tiempo libre para hacer de las nuestras, como de costumbre.
Para no irme más lejos de mis habilidades, decidí dar clases de guitarra acústica. Cuando se me ocurrió la idea, me pareció buena porque, al fin y al cabo, es lo que mejor se me da hacer... Después, pensé en que en pleno verano, no habría mucha gente interesada en aprender a tocar la guitarra, pero lo dejé pasar. Si no tenía alumnos, cambiaría mi puesto y sería ayudante de cualquier otra actividad.
Los chicos aún no tenían demasiado claro lo que hacer, aunque se ofrecieron a ayudar en otros servicios y se lo pensarían a lo largo de esa semana. Nos queríamos centrar primero en conocer a la gente y encajar con más grupos.

Cuando llegamos al vestíbulo, comprobamos que aún había gente nueva llegando, otros colocando formularios y carteles, y otros pocos mirando en qué consistían las actividades o equipos.
Los chicos me acompañaron a mirar los carteles que ya había puestos, y así, pondría yo algunos míos repartidos por todos los corchos que había.

Audrey; -Great Yarmouth

Tras un viaje de aquí para allá durmiendo sin apenas enterarme de nada, me despertaron con una enérgica sacudida.
- ¡Vamos! -Oí gritarme Pauline al oído mientras todo el mundo se había levantado de sus asientos y estaban cogiendo sus maletas.
La salida del avión hasta el edificio del aeropuerto -donde se suponía que había un autobús esperándonos- fue más aparatosa de lo que había pensado.
Ahora ya estábamos en el autobús, y nos quedaba muy poco para poder ver la residencia a la que estábamos destinadas para pasar todo el verano.
- ¿Habrá chicos guapos? -Pregunté mirando por la ventana distraída, meneando inconscientemente mi pierna derecha.- Rubios, morenos... ¿Habrá chicos? Como el señor Dowman nos haya enviado a una residencia sólo y exclusivamente para chicas me voy de vuelta sólo para despegarle el peluquín.
Las chicas empezaron a reírse mirándome. Lo cierto es que en ese momento hablaba en serio.
- Vamos, no os riais. Vosotras también queréis conocer chicos nuevos. -Pegué un codazo a Pauline.- Eh, ¿Pauline? -Y levanté una ceja. Es un gesto que hago continuamente y por lo que me dicen, es molesto cuando lo hago repetidas veces en un mismo día. Pero igualmente lo hago, cuando más moleste, más gracioso y divertido me parece.
Ella resopló y puso los ojos en blancos con una sonrisa dejando ver sus dientes perfectamente blancos. La miré desde mi asiento, algo más bajo que el suyo, que estaba delante.

Mirando por la ventana y pensando en cómo sería todo, se me hizo el viaje mucho más corto. Paramos frente a un gran edificio que parecía tapar una especie de campus -el campus que había visto en las fotos por internet.
Cuando me levanté del asiento para coger las maletas que estaban en las aguanteras del techo del bus, escuche exclamar a Kate.
- ¡Mirad la playa! -Señalaba con una amplia sonrisa a las ventanas del otro lado del bus. Era cierto, la playa era enorme y la residencia para alumnos estaba practicamente a un sólo cruce. Sería tan fácil bajar a la playa y volver a la hora del almuerzo...
En orden, todos los alumnos del autobús fueron bajando, los alumnos con los que conviviríamos durante esos meses. Observaba a cada uno, imaginando cuál de ellos podría formar parte de alguna de nuestras futuras aventuras, o se fueran a convertir en buenos amigos o a saber qué nos propondría el futuro. En un verano pueden ocurrir miles de cosas.

-Vamos, vamos. -Decía Kate enérgica.- No puedo esperar a ver nuestra habitación. Seguro que es como las que salen en las películas americanas, esas tan guays que tienen asientos de bolitas en los que te hundes, y camas enormes... -Soñaba despierta.
- ¿Tengo el pelo bien? -Interrumpió Pauline adelantándome, haciendo que tuviese que ralentizar mis pasos para no tropezar con sus maletas. Se cogió la trenza que se hizo en el viaje y se dio un pequeño latigazo en su espalda para dejarla caer bien.
- Perfecta. -Dije para que se quedase tranquila. Tener el pelo en condiciones era su mayor preocupación. Siempre.

Casi jadeando, llegamos hasta el edificio.
Un gran y espacioso vestíbulo nos daba la bienvenida. En principio, nada más entrar, podíamos contemplar que las paredes estaban adornadas -o más bien cubiertas- por grandes tablones de corcho para poner anuncios o formularios. Había más gente allí, aunque no tanta como pensaba.
Lo cierto es que habíamos llegado tan deprisa e impacientes, que habríamos adelantado a la mayoría y que irían entrando e incorporándose poco a poco.
Kate y Pauline iban concentradas, delante, mientras que yo me limitaba a seguirlas y a distraerme mirando alrededor.

- Buenos días. -Oí decir a Kate. Me giré y estábamos delante de una ventanilla. Una mujer bajita con el pelo rojizo nos sonreía desde su interior. Supuse que lo que había detrás de esa ventanilla era la oficina de portería y de recepción.
- Buenos días, chicas. Bienvenidas, primeramente. -Tenía una voz amable.- Queréis vuestra habitación, ¿no es así?
- Por favor. -Intervino Pauline agitando su pierna y dándose pequeños rodillazos con la pared que había bajo la ventanilla.
La mujer sonrió de nuevo y se giró hasta llegar a un mueble muy alto, todo lleno de cajones en los que empezó a rebuscar.
Mientras tanto, me di la vuelta y apoyé mi mano en el palo de mi maleta de ruedecitas.
El vestíbulo era realmente grande. Ya podía imaginarme esa estancia llena de alumnos por la noche, o por la tarde, hablando y reuniéndose allí para las fiestas que suelen hacer.
En el centro, había una mesa redonda con un jarrón de flores secas. Había una chica y un chico apoyados, charlando, también con maletas, como nosotras.
Me fijé en un hombre que pasaba vestido de deporte, con un silbato colgando de su cuello. Pensé que podría ser el entrenador de algún equipo.
Rastreé toda la estancia hasta dar con un grupo de chavales mirando los carteles. Justo en la pared de enfrente, estaban de espaldas.
Eran tres. Y sin querer, me quedé mirándolos, deseosa de que se dieran la vuelta y pudiese verle la cara.
Me fijé en el traser... Digo, en el pelo castaño de uno de ellos. Buen pelo.
Comencé a imaginarme sus facciones, a modo de distracción. ¿Tendría los ojos verdes? Mmmm, no. A ese pelo seguramente le pegaría más unos ojos color miel o color marrón oscuro. Le imaginé una sonrisa amplia y amable.
De tanto imaginarme su cara, se me antojó que se llamaría William. William o Jake. ¿Cómo se llamaría?
El chico se dio la vuelta y pareció verme mirándolo con descaro. Yo, automatizada, giré la cabeza.
Intenté parecer que estaba escuchando a las chicas que conversaban con la conserje de pelo rojizo, mis piernas me fallaban.
Cuando enterré mi cara entre los hombros de Pauline y Kate intentando hacerme un hueco, me fijé en el interior de la ventanilla. Había un espejo, y en ese espejo le vi sonreír mirándome.


James; -Great Yarmouth

[...]
- ¿Has oído todo lo que te he dicho? Espero que sí. -Concluyó mi padre tras haberme explicado por enésima vez cómo presentarme ante todos los alumnos en nombre de la escuela-residencia que dirigía mi padre, el director.
- Sí, papá. -Resoplé agotado estirándome perezoso en el respaldar de la silla.
Mi padre me había llevado hasta su rincón, dentro de la biblioteca.
- Bien, sal a la playa y prepara el material. -Echó su silla hacia atrás haciendo que las patas rechinaran en el suelo y la biblioteca emitiese su eco hasta perderse entre los recovecos de las estanterías.
- ¿A qué hora vienen? -Pregunté rompiendo el silencio.
- Se supone que -miró su reloj de mano- están llegando, pero hasta dentro de dos horas no los hemos citado a todos, por si hay algún retraso de autobuses de última hora. -Tosió.- Así que prepara allí los materiales y recuerda estar puntual en el salón de actos, donde daremos la presentación. -Me decía con más voz de director que de padre. Cuando estaba en su silla, su silla de director, es como si dejase de ser mi padre. Pero la verdad es que mi padre era un tío muy enrollado... Sólo que le gustaba tenerlo todo cuadriculadamente organizado.
Este año, mi padre había decidido empezar su herencia de oficio e introducirme en su puesto, aunque obviamente, sin dejar de ser un chaval de diecinueve años.
Además de ser uno de los monitores, me había prestado a dar clases de surf e iba a intervenir en el equipo de vóley. Si por mí fuese, preferiblemente en el femenino, pero mi padre se lo estaba pensando aún.

Cuando mi padre soltó el bolígrafo que sostenía cuando hablaba, por pura manía, se levantó, por lo que di por finalizada la charla y lo imité.
Cuando rodeó la mesa, se fue a paso decidido hasta la puerta que daba a las estancias principales y seguí sus pasos vagamente.



domingo, 18 de diciembre de 2011

Capítulo 3.

Hayley; -Great Yarmouth.

"¿Os gustaría tener la capacidad de escuchar los pensamientos de otras personas?
Claro que os gustaría. Todo el mundo responde que sí a esa pregunta. Hasta que se lo piensan detenidamente.
Por ejemplo, ¿qué pasaría si las demás personas pudiesen escuchar tus pensamientos? ¿Qué pasaría si pudiesen escuchar tus pensamientos... ahora mismo?
A veces tenemos pensamientos que ni tan solo nosotros comprendemos. Pensamientos que ni tan siquiera son ciertos -ya que en realidad no nos sentimos así-, pero que se nos pasan por la cabeza de todas formas porque es interesante pensar en ellos.
Si pudiésemos escuchar los pensamientos de otras personas, escucharíamos cosas ciertas y cosas que también se les pasarían por la cabeza de una forma completamente aleatoria. Y no podríamos diferenciar las unas de las otras. Nos volveríamos locos. ¿Qué será cierto? ¿Qué no lo será?
Un millón de ideas, pero... ¿Qué significan? [...]"


- ¡Hayley, ven un segundo, cariño! -Mi padre hizo que me desenfrascara del libro que estaba leyendo. De esas palabras en las que estaba tan concentrada. Justo ahora.
Resoplé y dejé el libro abierto bocabajo sobre la cama, me levanté y atravesé el pasillo.
- ¿Qué, papá?
- ¿Puedes acercarme esa tuerca? -Decía mi padre desde lo alto de una escalera. Al parecer, estaba cambiando las bombillas de su habitación. Se sujetaba al techo con una mano, y con la otra, se apoyaba en la misma escalera.
- Claro. -Titubeé seria, y cogí una pequeña tuerca plateada que estaba en la mesita de noche de mis padres, junto al marco con la foto de mi tía, su hermana, que murió hacía unos dos años.- ¿Algo más? -Pregunté agarrando el canto de la puerta, observando cómo mi padre se equilibraba antes de enroscar el foco de luz.
- No, gracias.
- Bien. -Me giré despacio y me dirigía de nuevo a mi cuarto.
- Eh, Hayley. -Me llamó antes de que pudiera dar más pasos. Me volví a asomar por la puerta.- Dentro de una hora está programado que lleguen los chicos enviados de vacaciones al campus, así que... Avisa a tu hermano, que vaya preparándose también.
- ¿Y Zayn? -Pregunté. Zayn era mi primo, vivía en una habitación aparte de nuestra casa, con nosotros, sólo que su habitación tenía origen en un desván. Se vino a vivir con nosotros cuando su madre, mi tía, murió. Para mí era como un primo lejano.
- Creí que también participaría en los cursos. Avísale si quieres.
- Subiré al desván a ver. -Dicho eso, dejé atrás la habitación y fui recorriendo el pasillo, mi dedo, las paredes.

Subí una escalinata típica de las que ponen en las azoteas de edificios antiguos que a veces rechinaba porque tenía sus años. Además, no serviría de nada si no fuese porque es donde vive Zayn.
Cuando llegué a la puerta del antiguo desván, donde había un cartelito con el nombre de Zayn, di varios golpes y pregunté si podía pasar.
- ¿Zayn? ¿Se puede pasar?
Zayn era mi primo, pero no habíamos tenido relación hasta que tuvimos ese incidente con su madre. Su madre y mi padre eran hermanos, y estaban muy unidos, pero sin embargo, no fue igual con Zayn. Como primos. Y ahora nos parecía incómodo a veces, pues no parecíamos familia.

- Pasa, sólo estaba escribiendo.
Abrí la puerta y lo encontré en la cama sentado, sin camiseta y con una libreta en sus piernas. Se rascaba la nuca y me miraba.
- ¿Querías algo?
- Eh. -Titubeé.- Mi padre me ha comentado lo de los chicos...
- Me lo ha dicho James. También participaré con vosotros, me gusta ayudar. -Sonrió.
- ¿James? Pensé que estaba en un campeonato de vóley.
- Que vá. Me avisó esta mañana. Se quedó un rato aquí, hablando y eso. Ya sabes.
Eso era cierto, mi hermano y Zayn tenían una relación más cerrada, pues tenían la misma edad y parecían más amigos que primos.
- Pues, dice mi padre que llegarán en cuestión de una hora. Cuando quieras bajar... Bueno, ya no te molesto más. -En mi cara se dibujó media sonrisa y me giré entrecerrando la puerta.
- ¡Hayley! Espera... -Oí antes de poner encajarla. Abrí indecisa.
- ¿Sí?
- Bueno... -Se volvió a pasar la mano por la nuca. Me ponía nerviosa estar con él en una misma habitación si no llevaba camiseta. Solíamos hacer que el ambiente fuese frío, sin apenas quererlo.- Nada, no te preocupes.
- Vale. -Dije en un hilo de voz casi inaudible.- Te esperaré abajo.

Los chicos que venían eran uno o dos cursos mayores que yo, por lo que mi padre me había comentado. Vendrían para hacer actividades y para dar cursos a gente de intercambio, como todos los veranos, sólo que van cambiando.
No sabía nada de ellos y, este año, sería el primer año en que yo participara ayudando con la gente nueva. Ahora que tenía diecisiete años, mi padre me había cedido un pequeño puesto para que su oficio sea hereditario.
Mi hermano James se dedicaba a dar clases de surf. Él es mayor, pues ya ha cumplido los diecinueve y ya estaba más que acostumbrado a conocer a gente nueva.


Pauline; -Norwich.

- Señor Dowman. -Llamaba Audrey aporreando la puerta del despacho de nuestro tutor, impaciente.- Señor Dowman, no nos lo haga más agonioso.
- ¿Agonioso? Querrás decir, angustioso. -Corregía Kate con un tono dulce, aunque la mirada de Audrey no fue lo explícitamente dulce.
- A-go-nio-so. -Recalcó finalmente con su mirada clavada en Kate.
- Como quieras. -Se excusó Kate con un gesto de indiferencia.
Empecé a soltar una risilla floja ante la escena. Entre la timidez de Kate y el mal genio que inundaba la personalidad de Audrey a veces... Era divertido verlas conversar.

Finalmente, tras una corta pero larga espera, la puerta del despacho se abrió, y por el umbral, el señor Dowman asomó su cabeza de pelo canoso.
Nos miró por encima de sus gafas y asintió con una sonrisa.
- ¿Nerviosas?
- Sí, señor Dowman, ahora denos los sobres de destino, por favor. -Dije de golpe. A veces podría ser la chica más impaciente del planeta.
El señor Dowman soltó una carcajada y nos tendió tres sobres expuestos en forma de abanico.
- Aquí tenéis. -Dijo. Las tres agarramos uno de ellos y él se apoyó en el marco de la puerta mirándonos.
- Great... -Entorné los ojos.- Great, ¿Great Yarmouth?
- Great Yarmouth. -Asintió Kate alzando la vista. Ambas miramos a Audrey que tenía cara de preocupación.
- Vancouver... -Y nos miró bajando el sobre de su cara.- ¡Es bromaaaaa! Great Yarmouth.
Las tres reímos durante varios segundos.
- Deberíais haber visto la cara que se os ha quedado. -Reía Audrey.
- Bien, ahora que ya sabéis dónde os he decidido enviar, ¿qué me decís? Tiene una playa inmensa y muchas actividades que hacer. -Sonreía el profesor cruzándose de brazos.
- Muchas gracias, profesor. Nos encanta. -Sonreía Kate aún hablándole como cuando estamos en clase.
- Sí, tiene que ser guay. -Opiné con una amplia sonrisa. Tenía ganas de ir a la costa. Es lo mejor del verano al fin y al cabo.
- Y, ¿hay chicos guapos, no? Estando en la playa... -Hablaba sola Audrey. Hizo una pausa, nos miró.- ¡Claro! ¡Es la playa! Habrá cientos de chicos guapos merodeando por ahí con sus skates y sus... buah, vayamos a hacer las maletas. -Me agarró de la muñeca y fue arrastrándome.
El señor Dawson reía desde su puerta.
- ¡Gracias de nuevo! -Exclamamos Kate y yo antes de que volviese a meterse en su despacho.

- ¿Para qué tanta prisa? -Dije mientras Audrey seguía tirando de mi brazo.- No tenemos que coger el taxi hasta la estación hasta... -Abrí el sobre de nuevo y miré los horarios. Se me abrieron los ojos como platos.- ¡dentro de una hora!
Audrey y Kate se giraron y me miraron del mismo modo en que yo había mirado al sobre. ¡¿Dentro de una hora?!
- Estás bromeando. No sabes mentir. -Me decía Audrey con cara de incrédula.
- Ah, ¿sí? -Le puse el sobre ante sus ojos haciendo que se pusiese vizca por un instante. Dicho eso...- ¡CORREEEEEEEEED! -Y así es como me volvió a agarrar y salimos corriendo hasta la habitación.
- Vamos, vamos, vamos. -Exclamaba Kate corriendo detrás mía.

Cuando llegamos a la habitación nos pusimos como locas a abrir todos los cajones y a sacarlo todo. Metíamos ropa sin saber qué eran o de quién eran, y las echábamos a las maletas haciendo canasta.
- Pero, se va a arrugar todo. -Protesté.
- Ya tendrás tiempo de plancharlo todo. ¡Corre o te quedarás sin ropa para el verano!

En pocos minutos, habíamos vaciado casi todos los cajones de la habitación.
- ¿Qué hora es? -Preguntó Kate medio jadeando por el estrés.
Respirando profundamente miré la hora con nerviosismo.
- ¡Quedan cuarenta minutos! ¡Vamos, vamos, vamos! -Grité con angustia. No había nada que odiase más que ir con el tiempo pisándonos los talones.
- Dejad las cosas, ya con esto llevamos suficiente, y sino, pues hacemos un renuevo de armario y nos vamos de compras. ¡Cerrad las maletas! -Ordenó Audrey.
- Pero... -Rechistaba Kate aún cogiendo camisetas y shorts.
- ¿Quieres ir de vacaciones o prefieres quedarte aquí con toda la ropa? ¡Vamos a estar más tiempo en bikini que con ropa! ¡Vamos! -Gritaba Audrey.

Hicimos caso a Audrey y cerramos las maletas a presión. ¿Porqué no las habríamos preparado antes?
Salimos corriendo esquivando a varias parejitas de alumnos que estaban en el pasillo, a profesores que andaban con las tazas de café humeante de un lado a otro para dar más destinos a los pequeños.
- ¡Ahí está el taxi! -Gritó Kate corriendo hacia la puerta.
Divisamos aquel coche amarillo aparcado en la puerta y al taxista apoyado en el capó fumando un cigarrillo. Llevaba unas oscuras gafas de sol y una camisa abotonada de mangas cortas.
De pronto, mientras corríamos a darle el encuentro, le vi mirar el reloj de mano, tirar el cigarrillo y abrir la puerta del coche para meterse y probablemente largarse, ya que habríamos pasado la hora de espera.
- ¡Corred, corred! ¡Que se va! -Grité sin aire en los pulmones.

Corrí como nunca lo había hecho en mi vida, puse todas mis fuerzas. El coche arrancó. Seguí corriendo. Las piernas se me tensaban a cada zancada, me temblaba el pulso con que agarraba los tiradores de las maletas. ¡Vaya faena!
- ¡Espereeeeeeeeee! -Gritó Kate. Tirando su maleta al suelo y saltando, agitando los brazos como los pájaros que están aprendiendo a volar.
- ¡No se vaya! -Gritó Audrey.
Finalmente, el coche puso el intermitente y el conductor asomó la cabeza por la ventanilla. Tras hacer un gesto con la mano, maniobró el auto y dio la vuelta para recogernos.

- Lo siento, pensé que no veníais. -Se disculpó el hombre abriendo el maletero y metiendo dispersamente cada maleta.
- Me lo va a decir a mí. Ya puedo dejar las clases de spinning por el verano entero. Nunca había corrido tanto en tan poco tiempo. -Jadeaba Audrey protestando, como siempre. El taxista rió.
- Al aeropuerto, ¿no? -Preguntó cuando nos metimos en el coche.
- Agh. -Retomé aire cerrando los ojos.- Sí.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Capítulo 2.

Kate; -Norwich.

- Bueno, ¿pedimos un helado de postre? -Preguntó Audrey recostándose en la silla, frotándose la barriga y humedeciendo sus labios.
Me encogí de hombros y miré a Pauline, que estaba distraída con el móvil.
- ¿Eh? ¿Qué decís? -Insistió Audrey.
La miré, y volví a mirar a Pauline, que parecía no enterarse de nada.
- ¡Pauline! -Gritó Audrey tirándole una servilleta arrugada.
- ¡Ay! ¿Qué, qué? -Levantó la vista sorprendida.- ¿Porqué me tiras eso?
- Te estaba hablando.
- Ah, lo siento. -Miró al móvil de nuevo, pulsó una tecla y lo dejó en la mesa.- Dime.
- Bah, déjalo. -Dijo volviendo a recostarse en la silla.
Solté una risa ante la escena. Muy amigas, pero siempre estaban picándose una a la otra. Audrey podía ser muy impaciente a veces. Se desesperaba con nada.
Pauline me miró con cara de interrogación.
- Audrey decía que si pedíamos un helado de postre. Una tarrina, ya sabes, para las tres. -Expliqué.
- Oh. -Miró a su móvil. Luego buscó algo en su bolso.- Me parece bien, aunque no comeré mucho. No quiero hincharme.
- ¿Lo pedimos, entonces? -Pregunté a Audrey que ya estaba levantando la mano para llamar al camarero del bar.
Los camareros de los bares del instituto eran estudiantes mayores que no consiguen las becas grandes. Trabajan ahí con turnos de mañana o tarde y así se ganaban algo de dinero.
- Sí, una tarrina de straciatella para las tres. -Pidió estirándose hacia atrás. El camarero asintió y se fue agarrando la bandeja con perfecto equilibrio.
- Creo que si fuese camarera, me despedirían al primer día. Lo tiraría todo al suelo... -Opiné mirándolo.
Ambas rieron.
- ¿En serio? No creo, después de ver cómo cogiste tu iPod al vuelo la semana pasada... -Ironizaba Audrey con aires de vaga.
Reí y puse los ojos en blanco.
- Es que era mi iPod.

Todas reíamos y charlábamos sobre anécdotas.
- ¿Os acordáis de cuando Fred tiró su batido encima de los exámenes de álgebra? -Recordó Audrey mirando a la nada, con una pierna apoyada en mi silla y su dedo índice en sus labios.
Pauline comenzó a reírse.
- ¿Cómo no lo iba a recordar? Fue buenísimo. -Daba palmadas mientras reía.- Aún me acuerdo de la cara que se le quedó al profesor.
- Y la de Fred cuando lo expulsó de clase una semana. -Continué riendo.
Inconscientemente, cada vez subíamos más el volumen de nuestras voces y risas pero, ¿qué más da? Era nuestro último día. Por aquel curso, al menos. El último día, por regla, era para hacer lo que nos diese la gana. A nosotras y al instituto entero.

En escasos minutos más tarde, vimos llegar al camarero sosteniendo la misma bandeja de antes, con la gran y apetitosa tarrina de helado que nos esperaba.
- Ahí llega mi amor platónico. -Dijo Audrey sentándose bien y relamiéndose los labios mientras observaba con atención al camarero.
- ¿Desde cuando te gusta ese chico? -Pregunté sin saber nada.
- Eh... Kate. -Me dijo Pauline con cara de circunstancia.- Creo que lo dice por el helado. Ya sabes cómo es respecto a los dulces. -Rió.
- Ah. -Las dos reímos. Audrey estaba demasiado ocupada vigilando de que su helado llegase a la mesa intacto. Por rito, ella debía ser la primera en probarlo. Es así y nadie la cambiará.
- Aquí... Tienen. -Dijo el joven camarero dejando la tarrina de cristal sobre la mesa. Antes de irse nos sonrió.
- Gracias.
El camarero se fue sacudiéndose el uniforme. Lo observé hasta que se metió en el almacén de nuevo.
- Bueno, pues -Audrey se acercó más a la mesa y se puso derecha- al ataque. -Y clavó la cucharilla en una de las bolas.
Pauline la miraba con una sonrisa en la cara. La miré y me quedé en silencio, me limité a sonreír y a esperar a ver qué sucedía. Siempre acaban sorprendiéndome con sus comentarios, a pesar de que haya convivido con ellas más de dos años.
- ¿Desde cuándo hace que no comes?
Audrey no cesó de agachar la cabeza, pero alzó la vista para poder mirarla.
- ¿Uh? -Preguntó.
- Déjalo. Sigue. -Y empezó a reírse.

Cuando acabamos la tarrita, estuvimos allí sentadas un rato, charlando.
- Secador, cosas para el pelo, ropa... -Iba repasando una pequeña lista que había hecho la noche anterior.
- Ropa interior. Importante llevarla. -Me interrumpió Pauline patoseando. La miré de reojos y las tres reímos.
- Anda, parad. Cuando terminemos de hacer la maleta, repasaremos más. -Dijo Audrey jugueteando con el servilletero.- Disfrutad, relajaros. Hablemos de chicos.
¿Audrey? ¿Sacando temas de chicos? Lo hacía cada vez que podía.
Pauline soltó una risa sarcástica y puso los ojos en blanco.
Mientras la miraba reír, Audrey me tiró una servilleta arrugada.
- Anda, Kate. Eres la más calladita pero es cierto que aunque nos contemos todo, nunca sueltas nada personal sobre chicos, ¿ah? -Volvía a recostarse en la silla, apoyando sus pies en los barrotes de la mía.
- ¿Qué tengo que decir sobre los chicos? Creo que convivir las tres en una misma habitación casi las veinticuatro horas del día influye y... pensaremos lo mismo. -Me encogí de hombros.
- Eso no me vale. -Meneaba su dedo índice. Pauline se apoyó en la mesa con los codos y me miraba con una sonrisa traviesa.
- No volváis a hacer lo mismo. -Reí. A veces me intimidaban, pero no en el mal sentido.- Ya sabéis que no soy de las que hablar sobre chicos.
- ¿Y porqué no lo cambias, Kate? Creo que ya nos conoces, que puedes confiar en nosotras.
- Lo sé. -Reí.- En serio, dejadlo pasar.
- Si alguna vez te echas novio, espero que seamos las primeras en saberlo. -Intervino Audrey levantando las cejas y poniendo morritos.
- Que sí.


Niall; -Brighton.

Pensé que tardaríamos más en pasar por el arco de metales, pero finalmente, habíamos pasado tanto el equipaje como nosotros mismos. Habíamos hablado con el guardia que nos había dicho la mujer de la ventanilla y finalmente, nos pusieron a esperar en las grandes salas con carteles digitales que te avisan cuando los aviones van llegando.
- ¿Nerviosos? -Preguntó Liam asomándose por al lado de Zayn, en la fila de sillas metálicas de la sala.
- Lo típico y suficiente por salir de aquí. -Dijo Harry con su típico tono interesante e indiferente.- No tendré en mente que estamos de vacaciones de verano hasta que el avión despegue.
Zayn resopló y dibujó una media sonrisa aprobando lo que dijo Harry.
- ¿No os marearéis en los aviones, verdad? -Pregunté bromeando. Todos me miraron como pensé que lo harían y me eché a reír solo.

La gente empezaba a entrar, a medida de que iban pasando más personas, el volumen de murmullos iba aumentando y cada vez nos oíamos menos los unos a los otros.
- "Avión hasta Great Yarmouth aproximándose" -Sonó una voz procedente de los altavoces y megáfonos del techo, justo al lado de las pantallas digitales.- "Personal destinado a Great Yarmouth, por favor, diríjanse en orden hasta la planta baja, donde su equipaje ha sido transportado".
Cogimos las maletas de mano y nos fuimos haciéndonos hueco entre el bullicio.
A veces, cuando había una aglomeración así de grande, podía ser algo claustrofóbico. Con mucha gente y en sitios demasiado pequeños. Odiaba la sensación de quedarme encerrado, o no tener suficiente espacio para moverme.
A veces, mientras dormía en el instituto, los chicos bromeaban enrollándome con las sábanas al igual que un rollito de primavera. Y es que, cuando duermo, no me entero de nada de lo que me hagan, por lo tanto, cada vez que me despertaba, me encontraba con una sorpresa como tal.

Después de bajar las escaleras mecánicas a pie, ya que estaban estropeadas, llegamos a otra gran sala, con más gente aún si cabía, y una gran cola para pasar por un nuevo arco de metales y vigilancia.
- Odio los aeropuertos. -Murmuré.
Noté una mano en el hombro.
- Vamos, Nialler. Tú puedes, campeón. -Era Louis riendo a mi lado. Nunca fallaba en hacerme reír, además de que soy el tío con la risa más floja del mundo. Me río con lo más mínimo y soy el único que no es capaz de aguantar la risa.
- We can. -Intenté imitar a Bon Jovi, pero creo que con cerrar un puño y hacer un gesto rockero no era suficiente para parecer aquella leyenda de melena rubia.
- Claro, tío. -Me dio una palmada y se giró.

Pronto estuvimos sentados en el avión. Cogimos asientos de manera que ninguno se quedase solo.
Tres delante y dos detrás.
Me senté en la fila de atrás. Harry junto a la ventanilla y yo en medio. Delante iban los demás.
Cuando todo el mundo había cogido sus respetivos asientos, una azafata de uniforme azul marino y gorra a juego, se puso al principio del pasillo y hacer indicaciones de lo de siempre. Que si chaleco hinchable por aquí, que si ventanilla por acá...
A los quince minutos de vuelo, Harry ya estaba roncando con la cabeza caída. Negué con la cabeza riendo y le hice una foto con mi iPod.
Pensé en ponerme los auriculares, cerrar los ojos y desconectar del mundo; pero recordé que en los aviones lo tenían prohibido porque podían afectar las radiaciones y no se qué rollo más.


Donny;-Avión.

Acababa de dejar Marsella a mis espaldas, a mi madre en el aeropuerto, y ahora me dedicaba a hacer dibujos con carboncillos en la bandeja de los asientos del avión.
Tenía en mente aún cómo mi madre me había despedido hacía una hora.
- Mamá, ¿es necesario? -Reí cuando me metía un billete de los grandes en mi bolsillo.
- Llévatelo, y si no te hace falta, aprovecha, y te das unos caprichos. Será tu verano, como me pediste. -Me besó la mejilla.- Y creo que este año te lo has trabajado. Te lo mereces. Ahora, disfruta.
Reí y puse los ojos en blanco. Seguramente se me habrían formado esos dos hoyuelos en mis mejillas, heredados por mi tía.
- Estás preciosa. -Me agarraba por los hombros mirándome con una tierna sonrisa. Me volvió a besar la frente, esta vez, y miró a la pantalla de horarios.- Anda, será mejor que bajes ya, no vayas a perder el avión.
- Vale, mamá. Te llamaré cuando llegue.
- Sí, por favor. No descansaré hasta que me llames.
- Mamá, duerme. Aprovecha y descansa ahora que me voy. Cuando vuelva seguiré dando la misma carga. -Reí haciéndola reír a ella también.
Entonces me giró, me dio una palmada en el trasero y me hizo bajar las escaleras hasta la sala catorce donde todas eran caras desconocidas para mí.
Ahora, en el avión, mientras pintaba esas famosas caras de leyendas como Freddy Mercury o Michael Jackson, pensaba en todo un poco. Sería la chica de intercambio. Donny, la rubia francesa. Así sería conocida, seguramente.
Sonreí pensando en las cosas que podría hacer. En que podría tomarme el viaje como un pequeño descanso de mi ser. De poder cambiar si quería. De descubrir quién podría ser para mejorar. Conocer a más gente. Más cosas.
Siendo hippie, podría decir que es como una especie de viaje espiritual en parte. Pero quedaría demasiado bohemio para mí.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Capítulo 1.

Pauline; -Norwich.

Hasta hacía unos diez minutos, se suponía que estábamos durmiendo, pero el jaleo que había tras la puerta era ensordecedor. Había intentado ignorarlo, ya que parecía que a mis compañeras no les molestaba. Ni tan siquiera parecían inmutarse.
Me destapé y me levanté de la litera baja. Kate y Audrey seguían durmiendo como si nada.
Sí, creo que yo también debería hacer como ellas y usar tapones para los oídos.
Resoplé y puse los ojos en blanco. Fui a abrir la puerta a ver a qué se debía ese jaleo.
- ¡Déjenme pasar! -Pude oír de más de tres bocas distintas. Una gran aglomeración de alumnos y alumnas corrían por el pasillo con sus equipajes y bolsos gigantes.
Ahora lo entendía todo, hoy era el día en que los mayores se marchaban. Ellos ya tenían destino marcado por tutores o, simplemente, se largaban a sus casas.
Nosotras teníamos que ir justo después de comer a por los sobres. Hacía un mes, entre las tres decidimos irnos juntas de vacaciones a donde los tutores nos enviaran. Es parecido a un intercambio, solo que no sales del país. Nos mandarían algún proyecto, pero seguro que sería divertido y conoceríamos a gente nueva.
Mientras me quedé apoyada en el canto de la puerta con la mirada perdida entre los pies de la gente, una vocecita aguda me nombró.
- Pau.
- ¡Sam! -Reí y la abracé. Era mi prima, vivía en la residencia de al lado, por eso apenas nos veíamos. Llevaba una cinta en el pelo y una maleta cargada a la espalda.- ¿Qué tal tu graduación? No pude asistir pero estoy segura de que fue increíble. -Le agarré los hombros. Era un año mayor que yo e iba a estudiar arte dramático.
- Pues la verdad es que fue genial, sí. Como todos la imaginan, supongo. -Le brillaban tanto los ojos como su sonrisa perfectamente blanca.
- ¿Y qué tal el baile? -Le di pequeños codazos.
- Ay, si te contara. -Miró a su reloj morado.- Bueno, Pau, me alegra muchísimo verte antes de irme. Me han destinado a Holanda a dar clases de teatro más centradas. ¡Estoy nerviosa y tengo que irme a coger sitio! -Me abrazó y me sonrió antes de volver a salir corriendo junto al bullicio.
Cuando mi vista no la pudo alcanzar, me giré y cerré la puerta.
- ¿Qué es ese ruido? -Se desperezaba Kate desde la litera de arriba, quitándose uno de los tapones. Una de sus piernas colgaba del borde y, creedme, más de una vez había sentido ganas de tirar de ella.
- ¿Que qué es ese ruido? -Le pegué un empujón al pie que colgaba descalzo y me senté en el borde de mi cama.- Lo que me extraña es que no lo hayáis escuchado antes. Me he llevado más de media hora intentando volver a dormirme hasta que he tenido que ir a ver que era.
- ¿Y qué era? -Preguntó Audrey sentándose en la litera de enfrente, en la cama de arriba.
- Los de último curso. ¿Recordáis que se van antes que nosotras?
- Lo hacen todo antes que nosotras, para ser exactas. -Corrigió Audrey. Kate soltó una risita.
- Ya, bueno. -Agité mis pies.- A mi prima la han destinado a Holanda. Ella ha autorizado la salida del país.
- Siendo mayor de edad te es permitido hacer de todo. -Pensaba Audrey en voz alta mirando al techo y mordiéndose el pulgar.
Nos quedamos las tres en silencio, con las miradas perdidas y meneando los pies que colgaban de las camas. Eso sí, yo tenía que esquivar los de Kate, ya que estaba arriba.

Pasada una hora, ya estábamos vestidas y preparadas para salir al campus a comer algo.
- ¿Qué os parece si vamos a la cantina y vamos repasando las cosas que nos vamos a llevar para no olvidar nada? -Opinó Kate desde el espejo de al lado de la puerta, cepillándose la negra melena.
- Por mí bien. -Opiné mientras me cambiaba de camiseta una y otra vez. No sabía qué ponerme el último día de curso.
- Déjate la celeste. -Interrumpió Audrey desde el sillón abombado de la otra esquina de la habitación. Siempre solía expresar su opinión cuando nos creíamos que estaba ausente.
Me quedé parada, recapacité y le sonreí.
- ¿Tú crees? Vale. -Y me la volví a cambiar. Después me puse de nuevo la celeste y asentí mirándome al espejo del baño.
Llevaba un pantalón corto vaquero, la camiseta celeste de hombro caído y unas zapatillas Converse negras. Además, decidí dejarme el pelo suelto.
- Vale, yo ya estoy. -Kate dio una palmada mientras se giraba y dejaba de mirarse en el espejo.
- Y yo.
Audrey se levantó y golpeó sus piernas.- Y yo también.


Louis; -Brighton.

- Venga, tío. Vamos a llegar tarde. -Decía Liam con aires de monitor de gimnasia enfadado.- El taxi nos esperará como mucho diez minutos más, pero si vamos a este paso, llegaremos dentro de media hora.
- Que sí, que ya va. Díselo a Harry, que el muy torpe se acaba de enganchar con un arbusto. -Dije riendo. Niall se giró y también se empezó a reír.
- Lo digo en serio, como lleguemos tarde, pagaréis vosotros el taxi. -Arrastraba con fuerza su maleta de ruedecitas.
Acababábamos de abandonar la residencia y ahora nos dedicábamos a correr calle abajo a dar el encuentro al taxista que nos llevaría al aeropuerto, junto a la estación.


- Te recuerdo que no fue mi culpa mandar al taxista a la estación en vez de a las puertas de nuestra residencia. -Bufó Harry intentando alcanzarnos unos metros más atrás.
- Dejemos los trapos sucios para el avión, por favor. -Soltó Niall mirando al frente y cargando en peso sus dos maletas.
- Yo pensaba que nos iban a mandar más lejos. -Cambié de tema.- No sé. O a alguna capital más importante... Pero no me imaginaba que nos enviaran a Great Yarmouth, la verdad.
- Opino lo mismo. -Resopló Harry cuando consiguió alcanzarnos y caminar a nuestro mismo.


Unos minutos más tarde, nos encontrábamos a escasos metros del coche amarillo. El taxista estaba fumando un cigarrillo apoyado en la puerta del copiloto, con los brazos cruzados y unas gafas de sol.
- Buenos días. -Saludó Liam con respiración ahogada.
- Hola, chicos. Sois los que váis al aeropuerto, ¿verdad?
Los cuatro asentimos y entramos en el taxi dejando las maletas en la baca del techo y en el maletero.
Liam se sentó delante y nosotros tres, detrás.
- ¿Fin de curso, ah? -Decía el taxista mirándome por el espejo retrovisor.
- Sí, por fin. -Resoplamos todos.- Ahora cogeremos el avión hasta Great Yarmoth. -Expliqué.
- ¿Great Yarmouth? -Volvió a alzar la vista para mirarme a través del espejillo.- Buen sitio. Tiene una playa enorme. Viajé allí con mis hijas el año pasado. Os gustará.
- ¿En serio? Creímos que no sería gran cosa pero por tal de salir de la residencia, nos valía cualquier cosa.
- Hay mucha gente joven allí, y más aún en verano. -Seguía contando. Harry y Niall se miraron levantando las cejas y asintiendo. Liam rió.- Además, hay un instituto cerca, así que habrá gente de intercambio pasando el verano allí.
- Guay. -Asintió Harry con cara de aprobación.
Tras una larga y distraída conversación con el taxista mientras estábamos en carretera, llegamos al aeropuerto. Pagamos al hombre y nos adentramos en aquel gran edificio rebosado de gente y equipajes.

Hacía tiempo que no entraba en un aeropuerto así. Bueno, hacía tiempo que no viajaba, para no complicarnos más.
Desde la puerta por donde entramos, podíamos contemplar dos altos pisos más arriba de la planta baja, y en frente de nosotros también había unas escaleras mecánicas que bajaban a un parking.
- Es... -Comenzó Niall a decir mientras observaba la espaciosa parte de arriba. La gente de allí se veía muy pequeña desde nuestro punto de vista.
- ... Inmenso. -Terminó por decir Harry imitando el gesto de Niall.
- Anda, vamos a picar los billetes. -Dijo Liam comenzando a caminar y a seguir arrastrando su maleta.
- Liam, en serio tío. -Le miré. Él se giró para atenderme.- Relájate, estamos de vacaciones. Las cosas van a salir bien, no estés tan tenso.
- Pero es que en los viajes se está tenso para que todo salga bien. Las cosas salen bien porque siempre hay un encargado en el grupo que administra su tiempo a ello en vez de a pararse a mirar las cosas. -Paró para respirar.- Y ese soy yo. Así que, por favor, vamos a picar los billetes y me podré sentar tranquilo.
Todos nos quedamos perplejos con el pequeño sarmón de Liam, pero en parte le comprendíamos y es que, debía tener mucha paciencia para aguantarnos a los tres. Somos unos patosos de nacimiento y era irremediable. Él, sin embargo, era el más responsable y saltaba a la vista.
- Vale, mamá. -Contestó Niall agarrando sus maletas de nuevo y alzándolas para comenzar a andar. Llevaba su rubio pelo revuelto hacia arriba. Hacía varios meses se lo había cortado y todos opinábamos que le quedaba mejor así que hacia abajo o a un lado.


Todos cogimos nuestras cosas y fuimos a una ventanilla, donde una mujer de uniforme negro y pelo recogido en una coleta nos atendió.
Liam se asomó y se apoyó en el mármol.
- Buenos días, señorita.
- Buenos días, joven. ¿En qué puedo ayudarte? -Tenía una sonrisa amable.
- Venimos a picar los billetes. Vamos a Great Yarmouth. Nuestro tutor, Edmon, habló con usted... Creo recordar. -Decía mientras volvía a meter su cartera en el bolsillo trasero de su pantalón beige.- Somos del residencial de Brighton. -Continuó al ver que la mujer no sabía nada.
- Ah, sí, sí. Aquel señor tan amable que llamó por teléfono a reservaros asientos en el avión, ¿no es así?
- Sí, ese mismo. -Liam giró la cabeza para señalizarnos de que todo iba bien.
- De acuerdo. -Decía la muchacha mientras buscaba un papel y un bolígrafo. Lo pulsó, anotó un número más largo de lo que yo pudiese leer y, para finalizar, firmó.- Aquí tienes. Enséñalo en el arco de metales al guardia y te dejará pasar. -Sonrió.
- Gracias, señorita. -Dijimos al unísono con una amplia sonrisa.
- Que tengáis un buen viaje. -Se despidió y se volvió a sentar en su sillón negro.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Introducción.

Tras un largo, angustioso y completo curso, llegaban las vacaciones de verano. Aquellas duraderas pero cortas, divertidas e inagotables vacaciones tan esperadas por los alumnos.
En el instituto más privilegiado de Norwich habían acabado las graduaciones, y era el último día de clases. Fiesta, fiesta y fiesta de despedida a los que acaban los cursos en aquel bonito lugar.
Intercambios por aquí, intercambios por allá. Ha habido mucho movimiento estos días y los alumnos están un tanto agitados.
Una vez tocase el último timbre, todos harían las maletas, y se marcharían a sus hogares. Por fin.
A todos les esperaba un gran y prometedor verano por delante.


- Presentación de algunos personajes -

Pauline, Kate y Audrey son mejores amigas. Tienen diecisiete años, -Pauline recién cumplidos-. Se conocen desde que Pauline se mudó e ingresó en el instituto de Norwich. Audrey fue su primera compañera de habitación y Kate su primera compañera de literas. Después de tres largos cursos, son inseparables.

Pauline nació en Italia, pero antes de que cumpliese un mes de vida, se veía viviendo en Manchester con sus padres y su hermano mayor.
Era una chica un tanto bipolar, o al menos, así bromeaban entre ellas. Era una chica alegre y enamoradiza. Soñadora y muy activa. Además, era una amiga fiel en la que se podía confiar.
Adoraba la música, la fotografía y todo lo que tuviese que ver con la playa.

Audrey había nacido en Broadsteirs, una lejana ciudad al sureste de Inglaterra. Siempre había sido una chica muy independiente e insistió en que la trasladaran a Norwich para "planificarse su propia vida y estudios", según había dicho. También era lanzada y coqueta, además de buena consejera. Cuando quería, podía ser bastante madura.
Se había dedicado desde los cuatro años a bailar ballet. Comenzó en Broadsteirs, en una pequeña academia cercana a su antigua casa, y cuando se transladó al instituto, a los catorce años, lo dejó.

Kate había nacido en la capital de Glasgow y fueron sus padres los que la habían enviado a estudiar a aquel instituto. Al principio, para ella había sido lo más parecido a un trauma. Era insegura, pero solía caer bien a todo el mundo, era una chica sociable y alegre. Le gustaba responsabilizarse y no decepcionar a nadie.
Era prudente y responsable, aunque siempre se preguntaba si alguna vez se dejaría llevar más por sus sentimientos en vez de por lo que debería hacer.
Ahora que había encontrado su sitio en Norwich con sus amigas, no se arrepentía de la pasada decisión de sus padres. Había vivido momentos inolvidables que no cambiaría por nada del mundo.
Sabía tocar un poco el piano y, de hecho, le dedicaba una gran parte de su tiempo libre a componer canciones y melodías.

Las tres amigas tenían un canal en internet donde subían vídeos de su día a día. "Será como un diario", dijo Audrey cuando le vino la idea. Ahora tienen más de cincuenta vídeos en todos los sitios. Juntas, separadas. Tienen de todo.


Por otro lado, en la costa sur-este.

Louis, Harry, Liam y Niall son tres chavales de dieciocho años del instituto residencial Portsent. Se han ido conociendo a lo largo de los años que han estado conviviendo juntos.
Este era su último año, se habían graduado, y faltaban horas para que pudiesen recoger su destino justificado por sus tutores legales que tenían ahora que habían vivido allí.
Los cuatro estaban nerviosos y felices por saber dónde iban a pasar el verano, ya que era elección de sus tutores. Estaban destinados a dar una serie de actividades extraescolares, a ayudar y a echar un buen verano.
Una de sus curiosidades es que Niall sabía tocar la guitarra, y adoraba pasar su tiempo libro tocando acordes y canturreando canciones de Michael Bublé, su ídolo.
Liam también era un gran fan de la música.
Las actividades favoritas de Louis y Harry eran flojear y hacer reír uno al otro.
Los cuatro habían hecho un pacto de amistad cuatro minutos antes de graduarse, pusieron las manos todas juntas en el centro de un círculo imaginario y prometieron no fallarse los unos a los otros. Que seguirían siendo como hermanos y que siempre se apoyarían. Después de eso, se dieron un gran abrazo y subieron al pedestal a por los diplomas.

Bienvenido;

¡Hola! Soy Paula y a lo mejor me conocéis por el otro fan fic de One Direction ( http://myonedirectionfic.blogspot.com/ ) o por cualquier otro de mis blogs.

Este es un nuevo fic que no tiene nada que ver con el otro. Los personajes son individuales y la novela tendrá otro camino diferente.
Intentaré que quede lo mejor posible, y todo esto se consigue poco a poco.
Espero que os vaya gustando. Mil gracias.
.xxx